El objetivo del ayuno es acercarnos a Dios. El ayuno bíblico siempre tiene que ver con eliminar las distracciones para un propósito espiritual; es tocar el botón de reinicio de nuestra alma y nos renueva desde adentro hacia afuera. También nos permite celebrar la bondad y la misericordia de Dios y prepara nuestros corazones para todas las cosas buenas que Dios desea traer a nuestras vidas. Recuerde, su ayuno personal debe presentar un nivel de desafío, pero es muy importante conocer su cuerpo, sus opciones y, lo más importante, buscar a Dios en oración y seguir lo que el Espíritu Santo lo guía a hacer.
AYUNO COMPLETO En este tipo de ayuno, solo bebe líquidos, generalmente agua con jugos ligeros como opción.
AYUNO SELECTIVO Este tipo de ayuno implica eliminar ciertos elementos de sus comidas. Un ejemplo de ayuno selectivo es el Ayuno de Daniel, durante el cual elimina la carne, los dulces y el pan de su dieta y consume agua y jugo para líquidos y frutas y verduras como alimento.
AYUNO PARCIAL Este ayuno a veces se le llama el "ayuno judío" e implica abstenerse de comer cualquier tipo de comida en la mañana y en la tarde. Esto puede correlacionarse con momentos específicos del día, como 6:00 a.m. hasta las 3:00 p.m., o desde el amanecer hasta la puesta del sol.
AYUNO EN CIERTA ÁREA Este ayuno es una buena opción si no tiene mucha experiencia en ayunar, tiene problemas de salud que le impiden ayunar o si desea reenfocar ciertas áreas de su vida que están fuera de balance. Por ejemplo, puede optar por dejar de usar las redes sociales o mirar televisión durante el ayuno y luego traer cuidadosamente ese elemento a su vida en dosis saludables al concluir el ayuno.

ENERO 05
¿Qué está en el centro de tu vida?
«Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Este es el primero y el más importante de los mandamientos. MATEO 22:37-38 (nvi)
Dios desea estar en el centro mismo de tu vida. No quiere estar en los márgenes de tu vida ni tampoco quiere ser solo un segmento de ella. El Dios del universo, el Dios que te hizo y te ama, quiere ser el núcleo de tu corazón y el eje de tu existencia.
Esta es otra forma de verlo: Dios quiere tener una relación de amor contigo. La Biblia enseña: «“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento y el más importante» (Mateo 22:37-38).
La verdad es que centrarás tu vida alrededor de algo. Tal vez la centres alrededor de tu vida profesional, tu familia o tus pasatiempos. Tal vez la centres alrededor del objetivo de ganar dinero o de ser popular.
Todo lo que esté en el centro de tu vida aparte de Dios es un ídolo. Éxodo 20:3-4 establece: «No tengas ningún otro dios aparte de mí. No te hagas ninguna clase de ídolo ni imagen de ninguna cosa que está en los cielos, en la tierra o en el mar».
¿Cómo sabrás cuando algo, aparte de Dios, tomó el papel protagónico en tu vida? Es sencillo. Cuando Dios no está en el centro de tu vida, comienzas a pre- ocuparte y a ponerte nervioso; te vuelves temeroso. Estas son las señales que te advierten que Dios ya no es el núcleo de tu corazón.
En contraste, ¿cómo puedes saber que tu vida está centrada en Dios? Estás en paz. Dejas de estar preocupado. La Biblia señala: «Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7).
Hazte la siguiente pregunta: «¿Qué ocupará el centro de mi vida por el resto de mi vida?». Esto es lo más importante que tendrás que decidir en toda tu existencia.
ENERO 06
Verdad que no cambia en tiempo cambiantes
En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios. ROMANOS 6:13
El verdadero éxito no se mide por el placer, la popularidad, las posesiones, el poder ni la posición social, sino por el propósito personal. Si deseas medir tu éxito, pregúntate: ¿he cumplido con los cinco propósitos para los cuales Dios me creó?
Dicho eso, por supuesto que no puedes responder si no sabes cuáles son esos propósitos. Son los mismos para todos. Primero, Dios quiere que lo conozcas y que lo ames. Eso se llama adoración. Segundo, desea que pertenezcas a su familia. Eso se llama compañerismo. Tercero, Dios desea que crezcas espiritualmente para que llegues a ser como Jesús. Eso se llama discipulado. Cuarto, quiere que lo sir- vas sirviendo a los demás. Eso se llama ministerio. Por último, Dios desea que les cuentes a los demás la Buena Noticia de la salvación a través de Jesucristo. Eso se llama evangelización.
Dios desea que lo conozcas, que crezcas en él, que le pertenezcas, que le sirvas y que lo compartas con los demás. Si te pierdes estos cinco propósitos, no tendrás un propósito claro y firme en tu vida y te perderás la razón por la cual Dios te creó. Andarás sin rumbo por la vida. ¡Simplemente existirás!
Dios quiere más para ti. Te creó para sus cinco propósitos eternos y esos pro- pósitos nunca van a cambiar. Te darán un ancla en los tiempos difíciles, cuando todo lo demás a tu alrededor esté cambiando.
Romanos 6:13 manifiesta: «En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios». A pesar de las circunstancias difíciles por las que estés pasando en este momento, necesitas rea- firmar tu compromiso con los cinco propósitos de Dios para tu vida.
Cuando todo esté cambiando a tu alrededor, cuando estés confundido, cuando tengas dudas, cuando necesites dirección, regresa siempre a lo fundamental. Regresa a la verdad. Dios te ama.
Te creó con un propósito y te dará todo lo que necesites para cumplir con tu propósito en tu caminar diario con él, incluso cuando sea difícil hacer.ia.
ENERO 07
El poder de la perseverancia
Aunque podemos enfrentar obstáculos, el Señor nos ayudará a cumplir sus planes… si perseveramos.
“No que ya lo haya alcanzo ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido en Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretende haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Filipenses 3:12-14
A todos nos gusta sentirnos exitosos. Sin embargo, solo desear ciertos resultados no garantiza que se hagan realidad.
Hablemos, entonces, de una característica necesaria para lograr lo que nos proponemos: la perseverancia. Pablo tenía una pasión por compartir el evangelio y fue un ejemplo de la capacidad de mantener el rumbo a pesar de las dificultades. En Hechos 20.24, declaró que su meta más grande era que “acabe mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. Aunque enfrentó naufragios, prisiones y castigos, nunca se rindió (2 Co 11.23-28).
¿Qué motivó a Pablo a perseverar? Tenía una meta dada por Dios y confiaba en que el Señor le daría fuerzas para alcanzarla. Sentía también la carga de compartir la verdad de la salvación. Con la mirada fija en su propósito, nada podía desviarlo. Finalmente, cumplió lo que Dios había dispuesto para él.
Nuestro Padre celestial tiene grandes metas para cada uno de sus hijos. Y esforzarnos por cumplir lo que Él ha planeado para nosotros siempre será una fuente de gozo y aliento. Una vez que la dirección de Dios sea clara, podemos seguir de todo corazón sus propósitos con el poder y la dirección del Espíritu Santo, en especial cuando surjan obstáculos.
ENERO 08
Dios quiere que estemos seguros de nuestra relación con Él, por eso nos dio su Palabra llena de promesas.
Lectura : 1 Juan 5.1-13
Nuestro Padre quiere que sepamos que tenemos vida eterna a través del Señor Jesús. ¿Qué seguridades tenemos de que estamos permanentemente seguros?
El amor de Dios. Una razón para estar seguros de la salvación es el amor incondicional de nuestro Padre, quien en la cruz envió a su Hijo para darnos vida eterna (1 Jn 4.9, 10).
La vida y la muerte de Cristo. Ya que Cristo jamás pecó, tomó la muerte que merecíamos y logró la salvación que nosotros no podíamos conseguir. Nos rescató del pecado y aseguró nuestra vida eterna (2 Co 1.10).
La promesa de Cristo. Tenemos la seguridad de nuestro Señor de que todos los que le reciben como Salvador pasarán la eternidad con Él. Prometió que jamás seremos separados de Él y que nadie puede arrebatarnos de su mano (Jn 10.28).
El Espíritu Santo. Otra garantía de la seguridad eterna es la presencia del Espíritu Santo en cada creyente. Él actúa como sello, certificando que pertenecemos al Señor y garantizando nuestro futuro en el cielo (2 Co 1.21, 22).
Tomemos un momento para agradecer a Dios por la salvación, y por llenar su Palabra con sus promesas para que podamos estar seguros.
ENERO 09
La condición de Dios para su bendición plena
Usted tiene la elección: ¿estará dispuesto a confiar en Cristo y aceptar su voluntad?
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará al hombre por su alma? Porque el hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme sus obras” Mateo 16:26-27
El Señor desea derramar abundantes bendiciones sobre cada uno de nosotros. El pasaje de hoy deja clara la condición para recibir lo mejor de Él: nuestra entrega plena. Cada parte de nuestro ser —cuerpo, alma y espíritu— debe ser un sacrificio vivo.
En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran una práctica común. Para expiar el pecado, una persona traía un animal al altar, el cual era apartado para los propósitos de Dios como una ofrenda santa. Su muerte simbolizaba la restitución por el pecado cometido.
Gracias a Dios, no necesitamos derramar sangre al entregarnos a Dios. Cristo ya murió por nuestros pecados. Por amor y gratitud, debemos dedicarle toda nuestra vida.
¿Qué implica una vida de entrega? Lo más importante, es el compromiso con Cristo. El Espíritu de Dios nos guía, y hacer su voluntad es la meta. Rendirse a Él significa seguir su camino en actitud, palabras, pensamientos y acciones, y hacerlo sin disculparse, con firmeza y sin miedo.
Entregar nuestra vida a Cristo no es un camino fácil; significa morir a nuestros deseos y al egoísmo. Pero recuerda que el Señor está dispuesto y es capaz de hacer más de lo que podríamos imaginar (Ef 3.20).
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