El objetivo del ayuno es acercarnos a Dios. El ayuno bíblico siempre tiene que ver con eliminar las distracciones para un propósito espiritual; es tocar el botón de reinicio de nuestra alma y nos renueva desde adentro hacia afuera. También nos permite celebrar la bondad y la misericordia de Dios y prepara nuestros corazones para todas las cosas buenas que Dios desea traer a nuestras vidas. Recuerde, su ayuno personal debe presentar un nivel de desafío, pero es muy importante conocer su cuerpo, sus opciones y, lo más importante, buscar a Dios en oración y seguir lo que el Espíritu Santo lo guía a hacer.
AYUNO COMPLETO En este tipo de ayuno, solo bebe líquidos, generalmente agua con jugos ligeros como opción.
AYUNO SELECTIVO Este tipo de ayuno implica eliminar ciertos elementos de sus comidas. Un ejemplo de ayuno selectivo es el Ayuno de Daniel, durante el cual elimina la carne, los dulces y el pan de su dieta y consume agua y jugo para líquidos y frutas y verduras como alimento.
AYUNO PARCIAL Este ayuno a veces se le llama el "ayuno judío" e implica abstenerse de comer cualquier tipo de comida en la mañana y en la tarde. Esto puede correlacionarse con momentos específicos del día, como 6:00 a.m. hasta las 3:00 p.m., o desde el amanecer hasta la puesta del sol.
AYUNO EN CIERTA ÁREA Este ayuno es una buena opción si no tiene mucha experiencia en ayunar, tiene problemas de salud que le impiden ayunar o si desea reenfocar ciertas áreas de su vida que están fuera de balance. Por ejemplo, puede optar por dejar de usar las redes sociales o mirar televisión durante el ayuno y luego traer cuidadosamente ese elemento a su vida en dosis saludables al concluir el ayuno.

ENERO 05
¿Qué está en el centro de tu vida?
«Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Este es el primero y el más importante de los mandamientos. MATEO 22:37-38 (nvi)
Dios desea estar en el centro mismo de tu vida. No quiere estar en los márgenes de tu vida ni tampoco quiere ser solo un segmento de ella. El Dios del universo, el Dios que te hizo y te ama, quiere ser el núcleo de tu corazón y el eje de tu existencia.
Esta es otra forma de verlo: Dios quiere tener una relación de amor contigo. La Biblia enseña: «“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento y el más importante» (Mateo 22:37-38).
La verdad es que centrarás tu vida alrededor de algo. Tal vez la centres alrededor de tu vida profesional, tu familia o tus pasatiempos. Tal vez la centres alrededor del objetivo de ganar dinero o de ser popular.
Todo lo que esté en el centro de tu vida aparte de Dios es un ídolo. Éxodo 20:3-4 establece: «No tengas ningún otro dios aparte de mí. No te hagas ninguna clase de ídolo ni imagen de ninguna cosa que está en los cielos, en la tierra o en el mar».
¿Cómo sabrás cuando algo, aparte de Dios, tomó el papel protagónico en tu vida? Es sencillo. Cuando Dios no está en el centro de tu vida, comienzas a pre- ocuparte y a ponerte nervioso; te vuelves temeroso. Estas son las señales que te advierten que Dios ya no es el núcleo de tu corazón.
En contraste, ¿cómo puedes saber que tu vida está centrada en Dios? Estás en paz. Dejas de estar preocupado. La Biblia señala: «Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7).
Hazte la siguiente pregunta: «¿Qué ocupará el centro de mi vida por el resto de mi vida?». Esto es lo más importante que tendrás que decidir en toda tu existencia.
ENERO 06
Verdad que no cambia en tiempo cambiantes
En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios. ROMANOS 6:13
El verdadero éxito no se mide por el placer, la popularidad, las posesiones, el poder ni la posición social, sino por el propósito personal. Si deseas medir tu éxito, pregúntate: ¿he cumplido con los cinco propósitos para los cuales Dios me creó?
Dicho eso, por supuesto que no puedes responder si no sabes cuáles son esos propósitos. Son los mismos para todos. Primero, Dios quiere que lo conozcas y que lo ames. Eso se llama adoración. Segundo, desea que pertenezcas a su familia. Eso se llama compañerismo. Tercero, Dios desea que crezcas espiritualmente para que llegues a ser como Jesús. Eso se llama discipulado. Cuarto, quiere que lo sir- vas sirviendo a los demás. Eso se llama ministerio. Por último, Dios desea que les cuentes a los demás la Buena Noticia de la salvación a través de Jesucristo. Eso se llama evangelización.
Dios desea que lo conozcas, que crezcas en él, que le pertenezcas, que le sirvas y que lo compartas con los demás. Si te pierdes estos cinco propósitos, no tendrás un propósito claro y firme en tu vida y te perderás la razón por la cual Dios te creó. Andarás sin rumbo por la vida. ¡Simplemente existirás!
Dios quiere más para ti. Te creó para sus cinco propósitos eternos y esos pro- pósitos nunca van a cambiar. Te darán un ancla en los tiempos difíciles, cuando todo lo demás a tu alrededor esté cambiando.
Romanos 6:13 manifiesta: «En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios». A pesar de las circunstancias difíciles por las que estés pasando en este momento, necesitas rea- firmar tu compromiso con los cinco propósitos de Dios para tu vida.
Cuando todo esté cambiando a tu alrededor, cuando estés confundido, cuando tengas dudas, cuando necesites dirección, regresa siempre a lo fundamental. Regresa a la verdad. Dios te ama.
Te creó con un propósito y te dará todo lo que necesites para cumplir con tu propósito en tu caminar diario con él, incluso cuando sea difícil hacer.ia.
ENERO 07
El poder de la perseverancia
Aunque podemos enfrentar obstáculos, el Señor nos ayudará a cumplir sus planes… si perseveramos.
“No que ya lo haya alcanzo ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido en Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretende haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Filipenses 3:12-14
A todos nos gusta sentirnos exitosos. Sin embargo, solo desear ciertos resultados no garantiza que se hagan realidad.
Hablemos, entonces, de una característica necesaria para lograr lo que nos proponemos: la perseverancia. Pablo tenía una pasión por compartir el evangelio y fue un ejemplo de la capacidad de mantener el rumbo a pesar de las dificultades. En Hechos 20.24, declaró que su meta más grande era que “acabe mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. Aunque enfrentó naufragios, prisiones y castigos, nunca se rindió (2 Co 11.23-28).
¿Qué motivó a Pablo a perseverar? Tenía una meta dada por Dios y confiaba en que el Señor le daría fuerzas para alcanzarla. Sentía también la carga de compartir la verdad de la salvación. Con la mirada fija en su propósito, nada podía desviarlo. Finalmente, cumplió lo que Dios había dispuesto para él.
Nuestro Padre celestial tiene grandes metas para cada uno de sus hijos. Y esforzarnos por cumplir lo que Él ha planeado para nosotros siempre será una fuente de gozo y aliento. Una vez que la dirección de Dios sea clara, podemos seguir de todo corazón sus propósitos con el poder y la dirección del Espíritu Santo, en especial cuando surjan obstáculos.
ENERO 08
Dios quiere que estemos seguros de nuestra relación con Él, por eso nos dio su Palabra llena de promesas.
Lectura : 1 Juan 5.1-13
Nuestro Padre quiere que sepamos que tenemos vida eterna a través del Señor Jesús. ¿Qué seguridades tenemos de que estamos permanentemente seguros?
El amor de Dios. Una razón para estar seguros de la salvación es el amor incondicional de nuestro Padre, quien en la cruz envió a su Hijo para darnos vida eterna (1 Jn 4.9, 10).
La vida y la muerte de Cristo. Ya que Cristo jamás pecó, tomó la muerte que merecíamos y logró la salvación que nosotros no podíamos conseguir. Nos rescató del pecado y aseguró nuestra vida eterna (2 Co 1.10).
La promesa de Cristo. Tenemos la seguridad de nuestro Señor de que todos los que le reciben como Salvador pasarán la eternidad con Él. Prometió que jamás seremos separados de Él y que nadie puede arrebatarnos de su mano (Jn 10.28).
El Espíritu Santo. Otra garantía de la seguridad eterna es la presencia del Espíritu Santo en cada creyente. Él actúa como sello, certificando que pertenecemos al Señor y garantizando nuestro futuro en el cielo (2 Co 1.21, 22).
Tomemos un momento para agradecer a Dios por la salvación, y por llenar su Palabra con sus promesas para que podamos estar seguros.
ENERO 09
La condición de Dios para su bendición plena
Usted tiene la elección: ¿estará dispuesto a confiar en Cristo y aceptar su voluntad?
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará al hombre por su alma? Porque el hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme sus obras” Mateo 16:26-27
El Señor desea derramar abundantes bendiciones sobre cada uno de nosotros. El pasaje de hoy deja clara la condición para recibir lo mejor de Él: nuestra entrega plena. Cada parte de nuestro ser —cuerpo, alma y espíritu— debe ser un sacrificio vivo.
En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran una práctica común. Para expiar el pecado, una persona traía un animal al altar, el cual era apartado para los propósitos de Dios como una ofrenda santa. Su muerte simbolizaba la restitución por el pecado cometido.
Gracias a Dios, no necesitamos derramar sangre al entregarnos a Dios. Cristo ya murió por nuestros pecados. Por amor y gratitud, debemos dedicarle toda nuestra vida.
¿Qué implica una vida de entrega? Lo más importante, es el compromiso con Cristo. El Espíritu de Dios nos guía, y hacer su voluntad es la meta. Rendirse a Él significa seguir su camino en actitud, palabras, pensamientos y acciones, y hacerlo sin disculparse, con firmeza y sin miedo.
Entregar nuestra vida a Cristo no es un camino fácil; significa morir a nuestros deseos y al egoísmo. Pero recuerda que el Señor está dispuesto y es capaz de hacer más de lo que podríamos imaginar (Ef 3.20).
ENERO 10
La búsqueda de Dios
Acercarnos a Dios debe ser nuestra prioridad, pues en Él hallamos las mayores bendiciones de la vida.
“Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas”..... Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” Lucas 12: 31,34
Buscar a Dios por medio de su Hijo Jesucristo debe ser nuestra meta suprema. Para buscarlo, ¿qué acciones podemos tomar?
Primero, debemos estudiar la Biblia. Un examen estructurado y constante de la Palabra de Dios fortalece nuestra fe y nos provee de lo necesario para la vida y la piedad (2 P 1.3). Luego, debemos mantener una vida de oración activa. Esto significa conversar a diario —tanto hablar como escuchar— a Dios. Tercero, debemos reflexionar en oración sobre lo que leemos en las Sagradas Escrituras. Bajo la guía del Espíritu Santo, descubriremos cómo aplicarla a nuestra vida. Este proceso nos ayuda a absorber las verdades divinas y vivir de acuerdo con ellas.
A medida que aprendemos principios bíblicos, adquirimos sabiduría que glorifica a Dios. Así, podemos reconocer mejor dónde Él está obrando y evaluar nuestras circunstancias según su carácter y plan.
Al escucharlo, creceremos, actuaremos con disposición y fortaleceremos nuestra determinación para mantenernos enfocados.
Dios promete recompensar nuestra búsqueda. A veces con entendimiento, otras con un gozo inexplicable. Lo mejor es que siempre lo encontraremos cuando lo busquemos (Jer 29.13). Hay gozo tanto en la búsqueda como en el hallazgo.
ENERO 11
Nuestro protector
Aunque los problemas surjan, Dios les ofrece seguridad eterna a sus hijos.
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De donde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda” Salmos 121:1-3
En el Salmo 121, David describe la seguridad que encontró en el Señor. Durante los siguientes dos días, examinaremos de cerca varios versículos para entender mejor la seguridad que también nosotros disfrutamos.
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (Sal 121.1-2). En tiempos de David, los ladrones vivían en las montañas, acechando a los viajeros. Como pastor de ovejas, David enfrentaba peligros tanto de ladrones como de animales salvajes. Nuestras vidas pueden ser igual de peligrosas, pero el Señor es nuestro ayudador y es el único capaz de protegernos por completo.
“No dará tu pie al resbaladero” (Sal 121.3). Dios ha provisto todo lo que necesitamos para evitar el pecado. El Espíritu Santo nos dirige y nos da poder; la Palabra de Dios ilumina nuestro camino para que no caigamos. Él nos sostiene, permitiéndonos andar en sus caminos
.Estos primeros versículos del salmo subrayan la capacidad del Señor para protegernos en tiempos de peligro, ya sea a causa de otros, de las circunstancias o de nuestro propio pecado. Afortunadamente, tenemos un Dios que, con amor, nos guía hacia la seguridad.
ENERO 12
La verdad sobre la salvación
El regalo de la salvación está disponible para todos, y solo llega a través del Señor Jesucristo.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para todo aquel que en él cree, no se pierda , mas tenga vida eterna” Juan 3:16
¿Alguna vez se ha preguntado si la fe en Jesucristo es, en realidad, el único camino para ser salvo? Es una pregunta importante, y felizmente tiene una respuesta clara.
La verdad es que Dios nos dio libre albedrío para que podamos elegir aceptar o rechazar la salvación que ofrece Jesucristo. Aunque Él desea que todos sean salvos, el Señor nunca nos obligará a creer. La Biblia nos dice: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3.17, 18).
El versículo 16 dice que todo aquel que cree en el Hijo será salvo. Esto significa que usted puede tener seguridad de su salvación al pedirle al Señor Jesucristo que sea su Salvador personal. Dios, quien quiere que usted pase la eternidad con Él, le da una razón poderosa para tomar esta decisión tan importante: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida” (Jn 3.36).
El regalo de la salvación está disponible para todos, y solo nos es dado a través de Jesucristo (Jn 14.6). Recíbalo ahora mismo, y nunca tendrá que preguntarse qué le espera en la eternidad.
ENERO 13
Lo que significa creer en el Señor Jesús
¿Cree usted que Jesucristo es el Hijo de Dios y que dio su vida por usted?
“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” Hechos 16:31
El apóstol Pablo dijo a su carcelero: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch 16.31). El carcelero y su familia aceptaron la invitación y se unieron a la familia de Dios. La fe salvadora tiene tres componentes: conocimiento, convicción y confianza. Hoy, nos enfocamos en el conocimiento. Para creer en Jesucristo como Salvador, es necesario saber quién es Él, qué logró y por qué lo hizo.
¿Quién es Jesucristo? Él es divino: Dios el Hijo. El Señor Jesús dejó a un lado sus derechos divinos, tomó forma humana y habitó en la Tierra (Fil 2.6, 7).
¿Qué logró Él? Vivió una vida perfecta, cualificándose para ser nuestro sustituto; su muerte en la cruz abrió el camino al perdón y la paz con Dios.
¿Por qué tuvo que morir? Porque no podíamos salvarnos por nosotros mismos, ya que nuestras “buenas obras” están contaminadas por nuestra naturaleza pecaminosa. Al confiar en la obra de Cristo, nos convertimos en miembros de su familia.
Entender y aceptar las respuestas a estas preguntas es clave para tener una creencia correcta, pero el conocimiento por sí solo no puede llevar a la salvación. También debe haber convicción y confianza, de lo cual hablaremos mañana.
ENERO 14
Aferrarse a la esperanza
Confíe a Dios sus esperanzas y sueños, y espere con fe para ver cómo le dará algo aún mejor.
.“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza”. 1 Samuel 1:11-12
Ana se encontraba desesperada, afligida por no tener hijos, lo que era una deshonra para una mujer hebrea. Aferrarse a la esperanza puede ser difícil cuando las circunstancias no muestran señales de mejorar. Para los creyentes, esto puede ser aún más desalentador porque sabemos que Dios podría haber hecho realidad nuestros anhelos y remediado la situación, pero no lo ha hecho.
Ana era una mujer de gran fe, incluso en medio de la desilusión y el dolor. Año tras año seguía yendo a Silo para adorar al Señor. Una perseverancia como la suya es una cualidad que el Padre celestial valora mucho en su pueblo. La paciencia en las pruebas lleva a un carácter piadoso y a una esperanza que “no avergüenza” (Ro 5.3-5).
El gran dolor a menudo nos lleva a Dios. Ana, llorando amargamente, derramó su alma ante el Señor y ofreció lo que más valoraba: un hijo. Puso su esperanza en Él y prometió que, si cumplía su deseo, dedicaría a su hijo al servicio de Dios.
A veces, lo que nos esforzamos por retener solo lo podemos conservar al entregárselo a Dios (Lc 9.24). Que podamos aprender del ejemplo de fe de Ana. Entreguemos nuestras esperanzas al único que puede cumplir nuestros deseos o cambiarlos para que coincidan con su voluntad.
ENERO 15
La esperanza del regreso de Jesucristo
La muerte de hermanos en la fe puede causar dolor temporal, pero podemos anticipar con entusiasmo la alegría de un reencuentro celestial.
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá de los cielos; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” 1 Tesalonicenses 4:17-18
A lo largo de la historia, la gente se ha preguntado qué sucede después de la muerte. Vayamos a la Biblia para ver lo que Dios dice.
En el pasaje de hoy, Pablo explica lo que sucederá en la segunda venida de Cristo, tanto con los santos que hayan muerto como con los que aún estén vivos. Primero, Cristo descenderá del cielo de una manera semejante a su ascensión. (Vea Hch 1.11).
Luego, Dios resucitará los cuerpos de los creyentes que hayan fallecido. (Sabemos por 2 Corintios 5.8 que sus espíritus habrán estado con el Señor desde el momento de su muerte física). Después, los cristianos que aún estén vivos se levantarán para encontrarse con el Señor en el aire y vivirán con Él para siempre.
La razón por la que debemos estar al tanto de estos sucesos futuros se encuentra en 1 Tesalonicenses 4.13: “Para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”. De hecho, el versículo 18 nos dice que nos consolemos unos a otros con el conocimiento de lo que sucederá cuando Cristo regrese.
¡Cuánto nos ama Dios! Nos da esperanza, consuelo y fuerzas para soportar las dificultades de la vida. Lea nuevamente el pasaje de hoy, pero esta vez, en lugar de las palabras “los que duermen”, sustitúyalas con el nombre de un cristiano fallecido que usted ama, y gócese en la esperanza que el Padre celestial ha dado.
ENERO 16
La oración en la vida del creyente
Pasar tiempo en comunicación con Dios es la mejor manera de acercarnos más a Él.
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo:Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” Isaías 57:15
Una de las disciplinas más importantes es la oración. Es el medio a través del cual nos adentramos en comunión profunda con Dios.
Al orar hablamos con el Señor y confiamos en que responderá. Así aprendemos a escuchar y a esperar su respuesta. Y a Él le encanta que lo honremos a través de este acto espiritual de adoración.
De hecho, la oración es una de las mejores maneras de honrar a Dios. Cuando oramos a nuestro Padre celestial, reconocemos que Él es Dios, “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, cuyo nombre es el Santo” (Is 57.15). Solo Dios merece la gloria, y lo honramos cuando “oramos sin cesar” (1 Ts 5.17). Es decir, debemos mantener una actitud enfocada en Dios durante todo el día, pidiéndole continuamente que gobierne cada detalle de nuestra vida.
En el pasaje de hoy, Dios dice: “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu” (Is 57.15). Esto significa que nuestros motivos y la condición de nuestro corazón son muy importantes en la oración.
El Padre celestial anhela una relación íntima con sus hijos. El tiempo pasado en comunicación con Él es la mejor manera de desarrollar esa cercanía.
ENERO 17
La clave para salir adelante en los tiempos difíciles
Si desea recibir la bendición de Dios, centre su atención en Él durante las pruebas.
“Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados” Hebreos 11: 27-29
En el pasaje de hoy, leemos cómo Moisés soportó con fe las dificultades. Todos enfrentaremos momentos difíciles. La clave es recordar que los tiempos difíciles son…
Inevitables. “El hombre nace para la aflicción, como las chispas vuelan hacia arriba” (Job 5.7 LBLA). Todos experimentaremos períodos en los que la vida es dura. Por tanto, es vital que aprendamos a enfrentarlos de la manera que Dios desea.
Capaces de destruirnos o fortalecernos. ¿Alguna vez ha notado usted cómo las personas reaccionan de manera distinta a la misma situación? Algunas se enfocan más mientras que otras se desmoronan por la prueba. Cómo reaccionamos depende de nuestra perspectiva, ¿estamos centrados en Dios o en la prueba?
Superables. La clave es aprender a caminar con una conciencia continua de la presencia de Dios. Moisés lo demostró al buscar liberar al pueblo israelita de la esclavitud egipcia. Había aprendido a “ver” a nuestro Dios invisible caminando a su lado y a estar constantemente consciente de su presencia (Ex 33.13, 14).
¿Qué tan consciente es usted de la presencia del Señor? ¿Sus miedos están disminuyendo a medida que cree en la protección y suficiencia de Dios? Moisés no comenzó con esta conciencia. Tuvo que aprender y desarrollarla, y nosotros también.

ENERO 18
Nuestra mirada en las metas de Dios
¿Le ha preguntado a Dios qué quiere Él lograr en su vida?
13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Filipenses 3:13-15
¿Alguna vez ha intentado caminar en línea recta mirando sus pies? (Pruebe esto en la playa o en el pasto mojado para que pueda mirar sus huellas. Es interesante ver qué sucede). Probablemente le sorprenderá lo torcidas que son sus pisadas. Pero enfoque su mirada en algo lejano, y cada paso apuntará por lo general en la dirección deseada, hacia ese punto focal distante.
Nuestras vidas son así. Si nos fijamos metas, nuestras decisiones y nuestros pensamientos tal vez nos llevarán hacia el fin deseado. Las metas son cruciales para tener una vida plena.
Piense en las muchas cosas que Cristo hizo. Sirvió a los demás y enseñó a quienes buscaban justicia. Pero más que eso, el propósito principal de nuestro Salvador, establecido incluso antes de que comenzara el tiempo, fue entregar su vida para reconciliar a la humanidad con el Padre celestial y darle gloria.
Fuimos creados para entregar nuestra vida a Dios y ser fructíferos en su servicio. Imagínese lo que pudiéramos lograr si mantuviéramos nuestros ojos en el Señor y dependiéramos de Él para determinar nuestras metas. Cada día pregúntele a Dios: “¿Qué quieres lograr a través de mí?” y deje que Él determine su enfoque y sus prioridades (Sal 119.105). Con el tiempo, podrá ver cómo mantener su mirada en Él lo cambia todo.
ENERO 19
Lo que aprendemos de la adversidad
En cada momento de dolor, el Señor nos concede la gracia necesaria para resistir.
9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. 2 Corintios 12: 9-10
¿Qué debemos hacer con nuestro dolor cuando Dios no lo quita? ¿Cómo puede ser el Dios de amor y, sin embargo, no acudir en nuestra ayuda?
El pasaje de hoy nos muestra un momento doloroso en la vida de Pablo. Aunque no sabemos qué era el “aguijón en la carne”, su experiencia nos deja un ejemplo sorprendente de tres enseñanzas que Dios nos da a través de la adversidad:
1. Dios es soberano sobre la situación. En última instancia, Él es quien permitió la dificultad y quien tiene el poder para ponerle fin.
2. Dios da prioridad a lo espiritual. Pablo deseaba alivio físico, pero el Señor obraba para su bien espiritual. Todo lo que Dios permite en la vida de los creyentes es para protegerlos del pecado, cultivar santidad y prepararlos para un servicio fiel.
3. La gracia de Dios es suficiente. El Señor dio a Pablo tanto la gracia para soportar como la fortaleza en su debilidad.
Al comprender la soberanía, prioridades y suficiencia del Señor, podemos enfrentar nuestras aflicciones como Pablo: con gozo (Stg 1.2, 3). El poder de Cristo en nosotros nos permite estar contentos en cualquier dificultad que Dios permita. La negativa del Señor a darnos alivio no es descuido, sino una muestra de su amor inmenso que busca nuestro bien eterno.
ENERO 20
Cuando Dios abre una puerta
En ocasiones, Dios utiliza las pruebas para moldear nuestro carácter y fortalecer nuestra fe.
porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios. 1 Corintios 16:9
Una manera en que solemos juzgar si estamos andando en la voluntad de Dios es por el resultado. Suponemos que cuando estamos haciendo lo que Él quiere, la vida será fácil. Pero si surgen problemas de todo tipo, a menudo asumimos que nos hemos desviado de su voluntad.
Sin embargo, los escritos de Pablo muestran que una puerta abierta no siempre significa ausencia de dificultades. En 1 Corintios 16.9, él afirma: “Se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”. Eso fue lo que vivió en su segundo viaje misionero (Hch 16.6-10). Aunque la conversión de Lidia y su familia fue una señal alentadora, pronto Pablo y Silas fueron despojados, azotados y encarcelados en Filipos.
Aunque no nos gusta pensar que la voluntad de Dios pueda incluir dolor, la Biblia nos muestra que es posible. Él usa la aflicción para probar nuestra fe, enseñarnos a depender de Él, formar nuestro carácter y prepararnos para consolar a otros (Ro 5.3, 4; 2 Co 1.4).
Cuando el Señor abre una puerta de pruebas, nos brinda una oportunidad para que otros sean testigos de su obra en nosotros. Por eso, es importante que aprendamos a tener fe y ser humildes, de una manera que refleje a Cristo y atraiga a otros al Salvador.
ENERO 21
La fuente de la paz
Nada puede quitarnos la paz que tenemos en Cristo.
Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Colosenses 3:14-15
Jesucristo es nuestra paz. ¿Sabía que Dios ofrece serenidad a todos los creyentes? El Espíritu Santo, que habita en cada seguidor de Cristo, mantiene la paz fluyendo como la savia en la vid (Jn 15.1-5). Pero, desafortunadamente, muchos cristianos pasan por alto esta fuente de calma por falsas suposiciones.
Algunos piensan que la paz es el resultado de condiciones ideales, pero este mundo está lejos de ser perfecto. Eso significa que nunca lograremos en este mundo la vida exacta que deseamos, y sus circunstancias no pueden brindarnos serenidad.
Otros creen que la paz debe pedirse a Dios, quien parece estar muy lejos en los cielos. Pero la unión entre el Señor y sus seguidores es íntima. En Cristo, podemos encontrar tranquilidad en todo momento, porque Él vive y permanece en nosotros.
La Biblia al Día capta cómo debería ser nuestra relación con el Señor Jesús: “Ahora bien, de la misma manera que confiaron en Cristo para que los salvara, confíen en Él también al afrontar los problemas cotidianos. Vivan en unión vital con Él, enraizados en Él, y nútranse de Él” (Col 2.6, 7).
La serenidad es el resultado directo de una relación con Cristo. Ninguna situación externa puede alterar esa conexión: participamos de la vida abundante del Señor por medio del Espíritu Santo.
ENERO 22
Alabar en tiempos difíciles
Frente a cualquier desafío, celebremos cómo Dios ha sido fiel en el pasado, y confiemos plenamente en su ayuda en el presente.
Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta casa), y a causa de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás. Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y los del monte de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no los destruyese; he aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión. ¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos. Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos. 2 Crónicas 20:9-13
La alabanza es una celebración del Señor, pero en medio de las dificultades, celebrar puede parecer inapropiado. En el pasaje de hoy, Josafat enfrentó su situación alabando las obras y la fidelidad de Dios, y recordando sus promesas. Si actuamos de igual manera, podremos avanzar con valentía, como lo hizo él.
La respuesta natural ante tiempos difíciles suele ser la autocompasión, y recordar los detalles solo aumenta la sensación de amenaza. La alabanza, en cambio, dirige nuestra atención a Dios. Al mirarlo, reconocemos su soberanía: cada prueba ocurre bajo su permiso, y Él, en su fidelidad, nos ayudará a salir adelante.
Recordar las poderosas obras del Señor y enfocarnos en su soberanía en la vida diaria nos recuerda nuestra dependencia de Él (2 Cr 20.7-12). El rey esperaba que Dios interviniera porque la historia registrada mostraba que Él siempre actuaba para socorrer a su pueblo. El reconocimiento de Israel de su propia impotencia fue lo que trajo la liberación divina.
Cuanto más leemos y estudiamos, mejor entendemos los muchos atributos y garantías de Dios. Entonces, cuando llegue la dificultad podremos celebrar su fidelidad a los cristianos en el pasado mientras esperamos su ayuda prometida.
Orar con fe
Dios responderá nuestras oraciones de acuerdo con su voluntad, que siempre es la mejor para nosotros.
Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.Marcos 11:22-24
La oración y la fe están estrechamente conectadas. Como vimos ayer, Santiago 1.6, 7 dice que debemos creer y no dudar; de lo contrario, no debemos esperar recibir nada de Dios. Pero ¿qué significa eso? Y si combinamos nuestras oraciones con fe, ¿debemos pensar que el Señor nos dará todo lo que pidamos?
El Señor Jesús dijo: “Tened fe en Dios” (Mr 11.22). La confianza en el Señor es el fundamento de la oración. Si nuestras peticiones no se alinean con sus enseñanzas, no hay razón para esperar respuesta. La oración del Señor en Getsemaní lo demuestra: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22.42).
Primera de Juan 5.14, 15 afirma que Dios responde las peticiones hechas conforme a su voluntad. Al llenar nuestra mente con su Palabra, nuestros deseos se alinean con los suyos. Entonces, podemos pedir con confianza. Cuando no conocemos su voluntad, su Espíritu intercede por nosotros (Ro 8.27).
Como un Padre celestial amoroso, Dios nos protege, sustenta, guía y cuida. Él ha demostrado su amor al enviar a su Hijo. Y recuerde: los obstáculos en nuestra vida nunca son un problema para Dios, lo que significa que podemos confiarle todas nuestras preocupaciones.
ENERO 24
Cuando la ansiedad ataca
Si usted está preocupado por pensamientos de ansiedad, pídale a Dios lo que necesita y dé gracias por todo lo que tiene.
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:4-7
Si necesitara ayuda para entender algo, ¿contrataría a cualquiera? Claro que no. Querría asegurarse de que quien le enseñe tenga experiencia y esté calificada. Por eso, el apóstol Pablo es una persona excelente para ayudarnos a entender el valor del contentamiento. Después de todo, él escribió sobre el tema mientras estaba bajo confinamiento por las autoridades romanas.
En el pasaje de hoy, Pablo dice que la oración protege el corazón del creyente de la ansiedad, y no hay oración más grande que la que Cristo mismo nos enseñó. El Padrenuestro enfatiza la adoración al Padre y minimiza el enfoque en uno mismo (Mt 6.9-13). Concentrarse en la grandeza de Dios pone nuestras necesidades en perspectiva y nos anima a descansar en su fuerza.
Considere también la oración del Señor Jesucristo en Getsemaní (Mt 26.36-46). Aun cuando clamaba por alivio, se sometió a la voluntad del Padre (Mt 26.39). Como resultado, una paz sobrenatural fortaleció al Salvador y le permitió enfrentar a sus verdugos.
En la lectura de hoy, Pablo ofreció un plan radical de paz: Alabe al Señor mientras sufre persecución; dele gracias cuando enfrente pruebas; ore por todo. Cada oración fortalece su corazón contra la ansiedad. Es un sólido consejo de un hombre que practicaba lo que predicaba.
ENERO 25
Las promesas de Dios
Dios siempre cumple sus promesas.
Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. 2 Corintios 1:20-22
La vida cristiana se enriquece maravillosamente con las promesas de Dios, tanto para hoy como para el futuro. Podemos confiar en todo lo que nuestro Padre celestial nos ha dicho, porque su Palabra lo muestra...
Una promesa solo tiene valor si quien la hace es confiable. Nuestro Padre es veraz, fiel y todopoderoso. Porque tenemos la seguridad de que Él cumplirá lo que ha dicho, podemos basar toda nuestra vida —cada decisión y acción— en sus promesas.
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